Los bastones son de esas piezas que parecen un detalle hasta que bajas una pedrera larga y notas el apoyo extra. Dos decisiones marcan cómo se van a comportar: de qué están hechos los tubos y cómo se recogen cuando no los usas. Lo demás (empuñadura, dragonera, roseta) acompaña, pero el material y el plegado son lo que vas a notar en cada salida.
Aluminio o carbono: en qué se diferencian de verdad
El aluminio que llevan los bastones no es cualquiera, suele ser una aleación de alta resistencia (series 6000 o 7000), que aguanta golpes y flexiones sin romperse del todo. Si cargas peso contra una piedra oculta bajo la hojarasca o metes el bastón entre dos rocas y haces palanca sin querer, lo normal es que el tubo se doble antes que partirse. Un tubo doblado te deja seguir el día cojeando con él; un tubo partido, no.
El carbono es otra historia. Está hecho de fibras muy rígidas pegadas con resina, de forma que trabaja muy bien a compresión en el eje del tubo (que es como se usa un bastón casi siempre) y pesa menos. Esa ligereza se nota de dos formas: la mochila carga unos gramos menos y, sobre todo, el movimiento de brazo es más suelto durante horas, porque cada paso lleva un vaivén de bastón que suma. El problema aparece cuando el golpe le llega de lado, con una torsión, o cuando una piedra lo pinza. Ahí el carbono no se dobla: cruje y queda fuera de juego. Hay modelos mixtos, con una caña de aluminio y otra de carbono, que buscan un compromiso.
Para quedarte con una idea útil: si haces rutas largas con mochila ligera, caminos marcados y buscas gastar poca energía en los brazos, el carbono te va a dar más de lo que te va a quitar. Si pisas terreno irregular, pedreras, nieve dura, viajas con los bastones en avión o eres de los que tiende a apoyarse con fuerza en las bajadas, el aluminio te va a dar menos sustos. Antes de decidir mira también qué otra cosa vas a llevar; en la selección de mochilas de trekking hay modelos pensados para rutas de un día en los que ahorrar gramos tiene sentido, y otros para travesías donde el peso del bastón importa menos.
Los tres sistemas de plegado
Hay tres formas de recoger un bastón, y cada una resuelve un problema distinto.
Telescópico de dos o tres tramos
Es el clásico. Los tramos entran unos dentro de otros, como una antena, y se bloquean con un cierre externo (una palanca que aprieta por fuera) o con un cierre interno (un expansor que al girarlo aprieta contra la pared del tubo). El de palanca se maneja con guantes, se ve si está bien cerrado y se reaprieta en segundos con un tornillo. El interno queda más limpio pero depende de que el expansor no esté sucio ni resbale, cosa que pasa cuando entra arena.
Ventaja fuerte: el rango de altura que te da es muy amplio, puedes alargar o acortar unos cuantos centímetros sobre la marcha según subas o bajes. Pega: una vez plegado sigue siendo largo, no entra en una mochila pequeña y asoma por fuera.
Plegable tipo tienda de campaña
Aquí los tramos no entran uno dentro de otro, sino que se separan y quedan unidos por un cable interno, como las varillas de una tienda. Montarlo es cuestión de dar un tirón seco: los tramos se encajan solos y un botón bloquea el conjunto. Lo bueno es que plegado queda muy corto, cabe en el lateral o incluso dentro de una mochila de día. Unos son de longitud fija y otros llevan un tramo ajustable con menos recorrido que un telescópico, así que la altura base se elige de antemano. Es el sistema que mejor funciona si viajas, si haces trail o si combinas caminar con tramos de escalada fácil donde quieres los bastones guardados.
Fijos de una pieza
Un tubo entero, sin ajuste. Pesa menos que ningún otro sistema porque no hay cierres ni cables, y no falla porque no tiene nada que fallar. A cambio no se ajusta ni se guarda. Se ven sobre todo en trail running y en marcha nórdica, no tanto en trekking de montaña, donde regular la altura al subir y al bajar hace mucho. Si te interesa saber por qué conviene cambiar la longitud según el terreno, en la página sobre cómo regular la altura y usar los bastones al subir y al bajar está contado con detalle.
Qué más mirar antes de decidir
El material y el plegado son el esqueleto de la decisión, pero hay cuatro cosas que afinan mucho el resultado:
- Empuñadura. El corcho se adapta a la mano con el uso y absorbe sudor, va bien en verano y en manos que sudan. La espuma EVA es blanda y ligera, cómoda desde el primer día, pero se desgasta antes. El plástico con goma es duro, dura mucho y es el que peor se lleva con el calor.
- Dragonera. La cinta de la muñeca no es un adorno. Bien colocada (metiendo la mano por abajo y cerrando con el pulgar sobre la cinta) hace que el peso del brazo caiga sobre la cinta y no sobre los dedos, así puedes llevar la empuñadura casi suelta y no acabar con la mano cargada.
- Rosetas intercambiables. La roseta pequeña es la de siempre; la grande, de nieve, evita que el bastón se hunda en terreno blando. Si pisas nieve en invierno, que el modelo las acepte.
- Puntas. La punta de tungsteno agarra en roca y hielo. El tapón de goma que se pone encima es para asfalto, pasarelas de madera y rutas donde no quieras ir rayando ni haciendo ruido.
El uso también cuenta. Si sales con pantalón largo y bota media, el bastón entra en un conjunto donde el pantalón de trekking y la bota mandan en la ergonomía; el bastón suma estabilidad. Si vas en zapatilla baja con mochila ligera, el bastón pesa proporcionalmente más dentro del equipo y ahí es donde el carbono empieza a tener sentido.
Longitud y cuántos llevar
La referencia habitual para la altura en llano es que, con el bastón apoyado y la mano en la empuñadura, el brazo haga unos noventa grados en el codo. A partir de ahí, se acorta un poco al subir (para no levantar el brazo cada paso) y se alarga al bajar (para alcanzar el suelo sin inclinarte hacia delante). Por eso el telescópico sigue siendo tan popular: te deja hacer esos cambios en segundos.
Dos bastones son más que uno y uno. Repartes el apoyo entre los dos brazos, el cuerpo va simétrico y no te quedas con un hombro cargado al final del día. Un solo bastón tiene sentido si llevas algo en la otra mano (cámara, cuerda, el perro) o si vas por caminos muy anchos donde solo lo usas de apoyo puntual.
Mantenimiento rápido
Lo que más mata un bastón es guardarlo mojado por dentro. Después de un día de lluvia o nieve, se desmonta en los tramos, se dejan boca abajo para que escurran y se secan al aire. Las palancas externas se aprietan con un destornillador pequeño cuando empiezan a resbalar; los cierres internos conviene desmontarlos de vez en cuando para quitar la arena. Las puntas de tungsteno se pueden reemplazar en casi todos los modelos cuando se redondean, igual que las rosetas y los tapones de goma. Un bastón bien cuidado da muchos años, da igual el material.