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Chaqueta impermeable trekking

Chaqueta impermeable de trekking: qué significan las columnas de agua y la transpirabilidad

Chaqueta impermeable de trekking: qué significan las columnas de agua y la transpirabilidad

Abres la ficha de una chaqueta y te encuentras dos números: 10.000 mm de columna de agua y 10.000 g/m²/24 h de transpirabilidad. Son los dos datos que definen cómo se comporta una prenda de lluvia, y también los que menos se explican. Detrás hay dos pruebas de laboratorio concretas y una física bastante sencilla. Entendiéndolas sabrás leer cualquier ficha, sea de la marca que sea.

La columna de agua: cuánta presión aguanta el tejido antes de filtrar

La prueba es literal. Se coloca el tejido cerrando la base de un tubo transparente y se va llenando de agua. Al principio no pasa nada: la membrana aguanta. A medida que sube el nivel, el peso del agua empuja con más fuerza contra el tejido, hasta que en la cara de abajo aparecen las primeras gotas. La altura que alcanzaba el agua en ese momento, medida en milímetros, es la columna de agua de ese tejido. Si cedió con 10.000 mm, se dice que tiene una columna de 10.000 mm.

Lo que mide, por tanto, no es "cuánta lluvia" soporta, sino cuánta presión. Y esto es lo útil, porque en el monte el agua no llega solo cayendo del cielo: llega empujada. La lluvia con viento golpea el tejido con fuerza. Las correas de la mochila que llevas a la espalda aprietan hombros y cadera contra la chaqueta durante horas, y cada paso comprime el tejido contra la ropa húmeda de debajo. Si te apoyas en una roca mojada o te arrodillas para atarte la bota, en ese punto la presión se multiplica. Una columna baja aguanta una llovizna tranquila, pero cede justo en esos puntos.

Como orientación: por debajo de 5.000 mm hablamos de prendas para chaparrones cortos y uso urbano. Entre 5.000 y 10.000 mm ya sirven para rutas de un día con lluvia moderada. A partir de 15.000-20.000 mm el tejido aguanta lluvia intensa y persistente, mochila cargada y jornadas largas, que es lo que pide la alta montaña o el trekking de varios días con mal tiempo.

La transpirabilidad: lo que tarda en salir tu sudor

Caminando cuesta arriba tu cuerpo genera calor y lo regula sudando. Ese sudor, en forma de vapor, tiene que salir por algún sitio. Si la chaqueta no lo deja pasar, el vapor choca contra un tejido que está frío por fuera y se condensa: vuelve a ser agua líquida, pero dentro. Es la típica situación en la que acabas empapado con una chaqueta que no ha filtrado ni una gota de lluvia, y sacas la conclusión errónea de que "calaba". No calaba: te mojaste con tu propio sudor.

La transpirabilidad mide exactamente eso, la facilidad con la que el vapor atraviesa el tejido de dentro a fuera. Hay dos sistemas de medida que te puedes encontrar en las fichas:

  • MVTR o g/m²/24 h: indica cuántos gramos de vapor pasan a través de un metro cuadrado de tejido en un día. Aquí, cuanto más alto, mejor. 5.000 es poco, 10.000 es correcto para actividad moderada y de 20.000 en adelante hablamos de tejidos pensados para esfuerzo intenso.
  • RET: mide la resistencia que opone el tejido al paso del vapor, así que funciona al revés. Cuanto más bajo, más transpirable. Por debajo de 6 es muy transpirable, entre 6 y 13 va bien para trekking, y por encima de 20 el vapor se queda dentro.

Ojo al comparar: una chaqueta con 10.000 g/m² y otra con RET 10 pueden comportarse de forma parecida en la práctica, pero los números no se cruzan entre escalas. Compara siempre cifras del mismo sistema.

Cómo puede un tejido frenar la lluvia y a la vez dejar salir el vapor

La clave está en el tamaño. Una gota de lluvia es enorme comparada con una molécula de vapor de agua: hay una diferencia de miles de veces. Las membranas microporosas aprovechan eso. Están llenas de poros diminutos, lo bastante grandes para que una molécula de vapor los cruce, pero demasiado pequeños para que una gota líquida, que además se mantiene compacta por su tensión superficial, pueda entrar. Otras membranas no tienen poros: son hidrofílicas, es decir, el material atrae la humedad y la va pasando de molécula en molécula desde la cara húmeda, la de dentro, hacia la seca, la de fuera. Las marcas desarrollan sus propias versiones de estas tecnologías, como puedes ver en las fichas de las chaquetas de Columbia, pero el principio físico es el mismo.

Hay un tercer elemento que no sale en los titulares y es decisivo: el tratamiento repelente de la cara exterior, conocido como DWR. Es una capa que hace que el agua forme gotas redondas y resbale en vez de empapar la tela. Cuando se degrada, la cara exterior se satura, se queda oscura y pegada al cuerpo. La membrana sigue sin filtrar, pero el vapor ya no encuentra salida, porque delante tiene una tela empapada y fría, así que condensa dentro. Otra vez la sensación de "chaqueta que cala" sin que haya calado nada.

Lo que completa la impermeabilidad: costuras, cremalleras y capas

De poco sirve una membrana de 20.000 mm si el agua entra por los agujeros que dejó la aguja al coser. Por eso las chaquetas pensadas para montaña llevan las costuras selladas con una cinta termoadhesiva por dentro. En las fichas verás "costuras selladas", cuando lo están todas, o "costuras críticas selladas", cuando solo lo están hombros y capucha, suficiente para lluvia moderada. Las cremalleras son el otro punto débil: o van laminadas, o van protegidas con una solapa.

También verás la construcción por capas: 2 capas, con la membrana y un forro suelto, cómoda y algo más pesada; 2,5 capas, con un revestimiento fino en vez de forro, ligera y muy plegable, pensada para llevar guardada por si acaso; y 3 capas, con tejido exterior, membrana y forro laminados en una sola pieza, la opción resistente para uso intensivo. Todo esto se aplica igual a la parte de abajo: los pantalones impermeables de hombre usan las mismas membranas y las mismas cifras, con el añadido de las cremalleras laterales para ponértelos sin quitarte las botas.

Qué cifras te convienen según cómo salgas

No se trata de buscar el número más alto, sino el adecuado, porque impermeabilidad y transpirabilidad tiran en direcciones opuestas: cerrar más el tejido al agua suele dificultar la salida del vapor, y una membrana muy abierta al vapor puede ceder antes bajo presión. Los fabricantes equilibran esa balanza según el uso previsto de cada prenda.

  • Paseos y rutas cortas con riesgo de chaparrón: 5.000-10.000 mm y transpirabilidad media son suficientes; la chaqueta pasará más tiempo plegada que puesta.
  • Rutas de día con mochila y previsión de lluvia: busca 10.000-15.000 mm y una transpirabilidad de 10.000 g/m² o un RET por debajo de 13, porque el esfuerzo es continuo.
  • Varios días de travesía, alta montaña o lluvia persistente: 20.000 mm o más, costuras totalmente selladas y la mayor transpirabilidad que encuentres; aquí el confort de muchas horas seguidas depende de los dos números a la vez.

En el catálogo de prendas de trekking puedes comparar las fichas con estos criterios ya en la mano.

Por qué una chaqueta pierde impermeabilidad y cómo recuperarla

Con el uso se degradan dos cosas. El DWR se desgasta por el roce, la suciedad y los lavados, y los poros de la membrana se tapan con restos de sudor, grasa corporal y polvo. El resultado es una chaqueta que deja de transpirar y cuya cara exterior se empapa en cuanto caen cuatro gotas. La solución no es jubilarla, sino lavarla. Con un lavado suave, sin suavizante, que engrasa los poros, y con detergente específico para ropa técnica, la membrana vuelve a respirar. Después, un poco de calor moderado, secadora a baja temperatura o plancha suave con un paño si la etiqueta lo permite, reactiva el DWR que queda. Y cuando ya no quede, se reaplica con sprays o con lavados repelentes.

El mismo cuidado vale para el resto de prendas con membrana, incluidos los pantalones impermeables de mujer y las sobrecarpas: la suciedad ataca la transpirabilidad tanto como la lluvia ataca la ropa que llevas debajo.

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