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Merrell · Elegir talla botas

Cómo elegir la talla de botas de trekking para que no te hagan rozaduras

Cómo elegir la talla de botas de trekking para que no te hagan rozaduras

Una bota que en la tienda parecía bien y en el tercer kilómetro empieza a morder el talón casi nunca es un defecto del modelo: es una talla mal elegida o un calcetín que no acompaña. Las rozaduras aparecen cuando el pie se mueve dentro de la bota, cuando la piel roza con una costura que queda justo donde no debe, o cuando el pie se hincha durante la marcha y la bota deja de dar sitio. Elegir la talla bien es, en el fondo, prever esas tres cosas. Antes de las primeras salidas conviene impermeabilizar las botas, porque un cuero duro por falta de cuidado roza más que uno flexible.

El pie no mide lo mismo por la mañana que por la tarde

A lo largo del día el pie se ensancha y se alarga. Después de andar varias horas con mochila, el pie suele estar algo más hinchado todavía. Si te mides el pie recién levantado y compras con esa medida, acabarás con los dedos tocando la puntera en cuanto lleves tres horas de bajada. Lo lógico es medir y probar por la tarde, mejor después de haber andado un rato, para pillar el pie en la medida que vas a tener de verdad en el monte. Ajustar bien la mochila al cuerpo también evita cargar peso extra en el antepié.

Para medir, pisa un folio con el pie descalzo y el peso repartido, marca el talón y la punta del dedo más largo (no siempre es el gordo), y mide la distancia. Haz lo mismo con el otro pie: casi nadie los tiene iguales, y manda el más grande.

Cuánto hueco dejar en la puntera

La idea de «un dedo de margen» viene de algo concreto: cuando bajas una pendiente, el pie se desliza hacia delante dentro de la bota. Si los dedos ya tocaban la puntera estando de pie, en la bajada chocan en cada paso, por eso conviene dejar margen en la puntera. En bajadas largas, apoyarse en bastones de trekking reduce la presión sobre los dedos.

La prueba casera es sencilla: con la bota desatada y el pie dentro, desliza el pie hacia delante hasta tocar la puntera con los dedos. Entre el talón y la parte trasera de la bota tiene que caber un dedo índice tumbado, más o menos un centímetro. Luego atas los cordones, llevas el talón al fondo dando unos golpecitos con el tacón en el suelo y aprietas la lazada. Ahí el talón ya no debería moverse al andar.

Ancho, empeine y horma

La talla no es solo largo. Hay pies anchos, estrechos, con empeine alto o plano, y cada marca corta sus botas con una horma distinta. Algunos modelos tienen versión ancha (Wide); una horma de anchura regular puede quedarte estrecha si tienes el pie en abanico, aunque el largo sea el tuyo. Si al probar notas que los juanetes o la zona del quinto metatarsiano empujan contra el lateral, no es cuestión de ablandar: esa bota no es tu horma. Prueba otra marca antes de obstinarte.

El empeine alto se nota al atar: si para sujetar el talón tienes que apretar tanto que el empeine queda estrangulado, la bota es baja de empeine para ti. En ese caso, cambiar el patrón de atado (saltando un ojal sobre la zona alta) ayuda, pero si tienes que recurrir a eso ya en la tienda, mala señal. En la sección de botas de trekking conviven hormas muy distintas y vale la pena mirar la ficha de cada modelo para saber de qué parte.

El calcetín manda tanto como la bota

Probarte la bota con un calcetín fino de diario y luego usarla con un calcetín técnico grueso es un error que se paga caro. El calcetín de trekking tiene refuerzos en talón y puntera, zonas acolchadas y, sobre todo, un grosor que ocupa milímetros reales dentro de la bota. Esos milímetros cambian la talla efectiva.

Para probar, lleva puesto el calcetín con el que vas a andar en el monte. Si vas a alternar entre uno fino de verano y uno medio de media montaña, piensa cuál usarás más y prueba con ese. Puedes echar un vistazo a los calcetines de trekking para ver los grosores y las zonas que suelen reforzarse: entender la pieza ayuda a entender por qué una talla justa pasa a quedar estrecha solo con cambiar de calcetín.

Cómo saber si una bota te va bien en la prueba

En la tienda, o en casa sobre una superficie dura y con una rampa improvisada (un libro grueso bajo la puntera, otro bajo el talón), haz estas comprobaciones. Si el modelo lleva una membrana impermeable, ten presente que ventila menos y el pie se calienta antes:

  • De pie y quieto, los dedos no tocan la puntera y puedes moverlos un poco.
  • Al subir de puntillas, el talón sube con la bota, no se queda bailando dentro. Si el talón sube y baja de forma clara dentro de la bota, es probable que acabe rozando.
  • Al bajar la rampa, los dedos no chocan contra la puntera.
  • No notas presión puntual en ningún lado: huesos del tobillo, dedo pequeño, empeine. Un buen ajuste se siente firme y envolvente, no apretado en un punto.
  • Caminas unos minutos y no aparece una zona que roce o pellizque. Si molesta a los diez minutos en casa, en una ruta larga molestará más.

Caña media o caña alta, y qué cambia para la talla

En una bota de caña alta el ajuste del tobillo pesa más que en una zapatilla baja. Una caña que queda holgada permite que el pie pivote dentro y la fricción aparece en los maléolos. Una caña demasiado apretada molesta y roza en la parte trasera del tobillo. El cordón pasa por ganchos justamente para poder apretar de forma distinta el empeine y la caña: aprovéchalo. Si ya has decidido que quieres caña baja, en las zapatillas de trekking el criterio de talla es el mismo que en una bota, pero el ajuste del talón es aún más determinante porque no hay caña que ayude.

Membranas, grosor y la trampa del verano

Una bota con membrana impermeable tipo Gore-Tex lleva una capa más entre tu pie y el exterior. En talla no cambia gran cosa; en sensación térmica sí: el pie va más caliente y con calor tiende a hincharse algo. Si dudas entre dos tallas y vas a andar sobre todo en verano con un modelo con membrana, tira a la grande antes que a la pequeña. En invierno, con calcetín más grueso, el razonamiento es el mismo. Puedes ver cómo se reparten estos modelos en la sección de botas de trekking Gore-Tex para hombre.

Domar la bota antes de la ruta larga

Una bota nueva, por bien que te quede, necesita algunas salidas cortas antes de meterle una jornada de ocho horas. La piel y los materiales ceden ligeramente en las zonas de flexión y se amoldan a tu pie. Si estrenas en una travesía larga, aunque la talla sea correcta, es fácil que aparezca una rozadura en una zona concreta que una semana de uso previo habría ablandado. Haz dos o tres paseos de una hora, sube y baja cuestas, y solo entonces plantéate la ruta grande. Tras cada salida con barro, limpiar y secar las botas prolonga la vida del cuero y evita que endurezca.

Señales de que te has equivocado de talla

  • Uñas moradas o doloridas tras una bajada larga: la bota se te queda corta en marcha, aunque de pie pareciera bien.
  • Ampollas repetidas en el mismo talón: el pie se mueve arriba y abajo, el número puede ser grande o el ancho de talón, demasiado abierto para tu pie.
  • Dolor en los lados del antepié a los pocos kilómetros: la bota es estrecha para tu horma, no una talla pequeña; subir de número solo dejará el talón más suelto.
  • Entumecimiento o pie dormido: la atas demasiado para compensar un ajuste malo, o el empeine no es el tuyo.

Diagnosticar el problema correcto es lo que evita cambiar de bota y acabar con otra que falla por el mismo sitio. Si una marca no te va, prueba otra con horma distinta: en el apartado de marcas hay fabricantes con criterios de patronaje muy diferentes, y encontrar el tuyo es más una cuestión de horma que de precio o de prestaciones sobre el papel.

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