Saltar al contenido
ropatrekking.com
SALEWA · Diferencia impermeable normal

Qué diferencia hay entre Gore-Tex e impermeable normal en calzado de trekking

Qué diferencia hay entre Gore-Tex e impermeable normal en calzado de trekking

Cuando ves que una bota se vende como «impermeable», puede querer decir dos cosas muy distintas. O lleva una membrana cosida dentro del zapato, tipo Gore-Tex, que separa el pie del agua a la vez que deja salir el vapor; o la impermeabilidad viene de otro lado: el propio material (una piel engrasada, por ejemplo), un tratamiento aplicado en superficie o una membrana genérica que la marca no identifica. Las dos cosas mojan menos el pie que una zapatilla de malla, pero no funcionan igual ni duran lo mismo. Antes incluso de pensar en membranas, conviene acertar con la talla para evitar rozaduras, porque una bota que aprieta mal moja el pie por dentro aunque sea estanca.

Qué es exactamente Gore-Tex

Gore-Tex es una membrana fabricada por la empresa W. L. Gore que las marcas de calzado montan como una capa interior entre el forro y el empeine. La idea de la membrana es sencilla: tiene una estructura con poros tan pequeños que una gota de agua líquida no pasa, pero el vapor que sale del pie, mucho más fino, sí. Por eso se dice que es impermeable y transpirable a la vez.

En trekking te vas a cruzar con varias versiones. La más habitual es Performance Comfort, que es la que monta la SALEWA Mountain Trainer 2 y buena parte de las botas de media montaña. Hay otras pensadas para frío (Insulated Comfort, como la de la AKU Griffon Combat) o para climas calurosos (Surround, con ventilación lateral). Lo que tienen en común: la marca de calzado tiene licencia de Gore, monta la bota según sus normas y el modelo pasa sus pruebas. Si pone «GORE-TEX» en la lengüeta, hay un control detrás.

Qué suele significar «impermeable» a secas

Cuando una ficha dice solo «impermeable» o «waterproof» sin aclarar más, puede ser:

  • Una membrana propia de la marca, con su nombre comercial. Algunas funcionan bien, otras menos; no hay un sello común que te diga el nivel.
  • Un tratamiento DWR aplicado en el empeine, que hace que el agua resbale en lugar de empapar. Es efectivo recién estrenada la bota, pero se gasta con el uso y hay que renovarlo.
  • Un material naturalmente resistente al agua, como la piel engrasada de las botas clásicas de montaña. Si está bien curtida y engrasada, aguanta mucho sin necesidad de membrana.
  • Una combinación de las anteriores.

El problema no es que estas soluciones sean peores por definición. Es que cuando la ficha no detalla qué lleva, no sabes qué estás comprando ni cómo cuidarlo.

En qué se nota al andar

Un día de lluvia moderada, por un sendero mojado, las dos opciones te mantienen el pie seco un buen rato. La diferencia empieza a aparecer cuando el agua insiste: charcos que pisas sin querer, hierba alta empapada que te roza la caña, horas de lluvia seguida.

Con Gore-Tex, mientras el agua no entre por arriba de la caña, el interior sigue seco. El empeine exterior se moja (la piel o la malla absorben agua), la bota pesa más, pero el pie no lo nota. Al parar, la transpiración acumulada sigue saliendo por la membrana, aunque más despacio que con el calzado seco porque el empeine mojado es una barrera añadida.

Con una impermeabilización por tratamiento, el agua empieza a calar en los puntos de más flexión (donde el pie dobla) y en las costuras. Con piel engrasada bien mantenida, la bota aguanta bastante, aunque con agua insistente acaba calando; además pesa más.

En calor, la cosa cambia de signo. Una bota con membrana es más calurosa que la misma bota sin ella, porque has añadido una capa a la pared del zapato. Si andas en verano por sendero seco, muchas veces compensa más una zapatilla ventilada sin membrana que una con Gore-Tex: el pie va fresco y, si se moja en un vadeo, seca enseguida. La membrana, en cambio, cuando por fin entra agua por arriba, la retiene dentro y tarda mucho en secar.

Qué pasa con la transpiración

Aquí hay un malentendido frecuente. Una membrana deja salir vapor, no sudor líquido. Si tu pie suda mucho, el vapor se condensa dentro del zapato antes de llegar a la membrana y acabas con el calcetín húmedo igualmente. No es un fallo de la bota: es que la cantidad de vapor que genera un pie activo puede superar lo que la membrana llega a evacuar. En la guía sobre grosor, altura y fibras del calcetín según la época se ve qué combinación acompaña mejor a una membrana.

Por eso el calcetín importa tanto como la bota. Un calcetín técnico de trekking, con lana merina o fibras que mueven la humedad, trabaja con la membrana. Un calcetín de algodón la deja inútil. Puedes mirar opciones en la sección de calcetines de trekking.

Durabilidad y mantenimiento

Lo que suele fallar antes que la membrana es el empeine que la cubre. Si la piel se agrieta en un pliegue, si una costura se abre, si una piedra perfora la malla, el agua entra por ahí y la membrana no te salva. De ahí que botas pensadas para terreno duro refuercen la zona de flexión y lleven bordones de goma, como el perimetral de la Mountain Trainer 2. En descensos largos, apoyarse con bastones de aluminio o carbono alivia el impacto en el empeine y las costuras.

El tratamiento DWR del exterior sí se gasta y hay que reponerlo. Cuando ves que el agua ya no resbala en gotas y empapa el empeine, toca limpiar la bota y aplicar un impermeabilizante específico para calzado con membrana (los sprays de silicona pura no sirven: tapan los poros).

Una bota de piel engrasada clásica pide otra rutina: limpiarla y dejarla secar sin fuente de calor y aplicarle grasa o cera. Dura años si lo haces, se queda rígida y pierde impermeabilidad si no.

Peso y flexibilidad

Añadir una membrana suma algo de peso y resta algo de flexibilidad al zapato, aunque en los modelos actuales la diferencia es pequeña. Donde más se nota es en zapatillas bajas de perfil ligero: una zapatilla con Gore-Tex y su hermana sin membrana son dos productos con un tacto distinto en el pie.

Si vas a andar sobre todo con tiempo seco, la membrana aporta poco. Para rutas largas con carga conviene además medir la espalda y acertar con la talla de la mochila, porque un peso mal repartido castiga el pie en la bajada.

Qué te interesa mirar antes de decidir

  • Qué clima vas a pisar más. Si llueve a menudo, si cruzas barro y hierba mojada, si andas en nieve blanda, la membrana compensa. Si es sendero seco y verano, muchas veces no.
  • La altura de la caña. Una zapatilla baja con Gore-Tex protege del rocío y charcos pequeños; un charco por encima del tobillo te la llena igual. Para agua insistente, caña media o alta.
  • Qué pone la ficha. Si identifica la membrana con nombre y versión (como las Merrell Moab 3 GTX o la Salomon con Gore-Tex), sabes qué hay dentro. Si solo dice «impermeable», asume que es un tratamiento.
  • Cómo vas a cuidar la bota. Un empeine limpio deja transpirar mucho mejor a la membrana que uno con barro reseco.

Si quieres entender mejor cómo se mide la impermeabilidad en prendas (y por qué en chaquetas sí hay números y en calzado casi nunca), te puede servir el artículo sobre columnas de agua y transpirabilidad: el principio es el mismo, aunque en el zapato la etiqueta se simplifica y rara vez verás cifras.

Destacados

Los principales de la guía

Para verlo claro

Comparativa de la guía

Para que compares

Para comparar