Una mochila bien cargada pesa lo mismo con la cinta floja que con la cinta en su sitio, pero la sensación en la espalda al cabo de dos horas no se parece en nada. La diferencia está en dónde apoya la carga: si cuelga de los hombros, los trapecios se cargan, el cuello se tensa y las piernas van perdiendo gas antes de tiempo. Si el peso descansa sobre las crestas ilíacas, la columna trabaja alineada y las piernas, que son las que están preparadas para empujar kilos cuesta arriba, hacen su parte.
Vamos por partes: primero cómo saber si la mochila te queda, luego el orden para ajustarla y, por último, los retoques que se hacen sobre la marcha.
Antes del ajuste: que la talla cuadre
El ajuste no arregla una mochila que no es tu talla. Lo que mide una mochila de senderismo no es la altura de quien la lleva, sino la longitud de la espalda: la distancia entre la vértebra C7 (el bulto que notas al bajar la cabeza, en la base del cuello) y una línea imaginaria que une las dos crestas ilíacas. Esa cifra, en centímetros, es la que tiene que entrar dentro del rango que da el fabricante.
Verás que modelos distintos tienen rangos distintos aunque sean de la misma familia. Las de capacidad media que puedes mirar en la sección de mochilas de hasta 25 litros cada modelo da su rango de longitud de espalda, y algunos tienen versión larga para gente de más estatura. Si tu medida se queda fuera del rango, la mochila no se va a sentar bien por mucho que aprietes.
Algunas tienen el panel dorsal regulable en altura; otras lo llevan fijo y lo que cambias es la talla del modelo. Mira la ficha antes de comprar, sobre todo si te mueves cerca de los extremos.
Cargar la mochila con un mínimo de orden
Antes del ajuste conviene repartir el contenido, porque una mochila mal cargada tira hacia atrás por mucho que luego aprietes correas. La idea general: lo pesado pegado a la espalda y a la altura de los omóplatos, lo medio alrededor, y lo ligero arriba y en los extremos. Si pones el peso bajo del todo, la mochila tira hacia abajo y la cadera se cansa; si lo pones muy alto, bascula y te desequilibra en zonas técnicas.
El agua merece mención aparte. Casi todas las mochilas de senderismo llevan bolsillo interno para depósito; en las mochilas Deuter de la familia AC Lite, por ejemplo, son compatibles con depósito de hidratación (hasta 2 litros en la AC Lite 23). Un depósito pegado a la espalda centra el peso de manera que la cadera lo soporta sin notarlo.
El orden de ajuste, correa a correa
Este es el punto donde la mayoría de la gente se equivoca: aprieta primero los hombros, luego la cadera, y la mochila se queda colgada arriba. El orden correcto es al revés.
- Aflójalo todo antes de ponértela: hombros, estabilizadores superiores, cinta pectoral y cinturón. Si empiezas con tensiones viejas, el ajuste sale torcido.
- Cinturón lumbar primero. Póntela, inclínate un poco hacia delante para que la carga se asiente contra la espalda y coloca el acolchado del cinturón de forma que la mitad superior quede por encima de las crestas ilíacas y la mitad inferior por debajo. Las crestas son esos huesos que notas con los pulgares a los lados, por encima de la cadera. Aprieta hasta que el cinturón sujete el peso sin que te corte la respiración.
- Hombreras después. Tira de las correas hacia abajo y hacia atrás, no a lo bestia: solo lo justo para que las hombreras abracen el hombro sin levantarse. Si al apretar sientes que el peso se traslada de la cadera a los hombros, te has pasado.
- Estabilizadores de carga. Son las correas cortas que salen de la parte alta de las hombreras hacia la mochila. Deberían formar un ángulo de alrededor de 45° con el hombro. Tiran la carga hacia la espalda y evitan que la mochila cabecee. Si están flojas, la mochila se separa por arriba y pesa más.
- Cinta pectoral. Va a la altura del esternón, un par de dedos por debajo de las clavículas. No es para apretar fuerte, es para que las hombreras no se abran hacia los lados. Si la pones muy alta, molesta en el cuello; muy baja, pierde su función.
- Estabilizadores del cinturón, si el modelo los lleva. Son dos correas cortas a los lados de la cadera. Tiran la base de la mochila contra la zona lumbar y rematan el ajuste.
Al terminar, deberías poder meter el pulgar entre la hombrera y el hombro sin forzar, y notar que si levantas los brazos la mochila se queda donde está, agarrada por la cadera.
El sistema dorsal: por qué la espalda no termina empapada
En mochilas con panel ventilado, entre tu espalda y el cuerpo de la mochila hay una malla tensada sobre un armazón. Deja un hueco por el que corre el aire, de modo que el sudor se evapora en vez de acumularse en la camiseta. El sistema Aircomfort que montan las AC Lite funciona así: la malla separa el saco de la espalda y el marco de acero mantiene esa separación aunque cargues peso.
Ese hueco tiene una contrapartida: la carga queda ligeramente más alejada del centro de gravedad del cuerpo. Por eso en modelos de este tipo conviene no excederse con la carga recomendada que indica el fabricante y pegar lo pesado lo más cerca posible del respaldo.
Retoques sobre la marcha
Un ajuste no es para siempre. Durante la caminata el cuerpo cambia: comes, bebes, el terreno se inclina, los hombros se cansan.
- En subidas pronunciadas, afloja un dedo los estabilizadores de carga. La mochila se separa un poco de la espalda y te permite inclinarte hacia delante sin que el saco te empuje la cabeza.
- En bajadas largas, aprieta todo un punto más y sube un pelín la cinta pectoral. Evitas que la mochila bascule a cada paso, que es lo que castiga rodillas y gemelos.
- Cada hora, más o menos, afloja el cinturón diez segundos y vuelve a apretarlo. La zona de apoyo se adormece y el gesto reparte la presión en una franja ligeramente distinta.
- Si notas que una hombrera te clava, no aprietes más: lo normal es que estés cargando hombros. Afloja las dos hombreras, reasienta el cinturón y vuelve a tensar desde abajo.
Para rutas de un día con cargas ligeras, un volumen pequeño sobra; si vas a meter capas de recambio, comida y agua para una jornada entera, la familia de mochilas de trekking cubre casi todos los supuestos. Y si quieres entender cómo encajan las capas que vas a guardar o quitar dentro, en la guía sobre cómo vestirse por capas está el porqué de llevar cosas tan dispares en el mismo saco.
Señales de que el ajuste no está bien
- Las manos se te duermen o se te hinchan: las hombreras están demasiado apretadas o la carga cuelga de ellas.
- El cuello y los trapecios tiran al cabo de media hora: el peso está en los hombros, no en la cadera.
- La mochila se te va de lado en terreno desigual: estabilizadores flojos o carga descompensada entre los dos lados.
- El cinturón se te resbala hacia abajo durante la marcha: lo tienes por debajo de las crestas, no sobre ellas, o la talla de la mochila es grande.
- Tienes rozaduras en la zona lumbar: el acolchado baila porque el cinturón está flojo o la mochila es corta de espalda para ti.
Dedicar cinco minutos antes de salir a plantar bien la mochila ahorra bastantes horas de molestias después. Y si combinas ese ajuste con bastones, descargas aún más peso de las rodillas en bajada, que es donde el cuerpo acusa de verdad lo que llevas encima.